En 1992, en el cementerio de Arroa Goia, una treintena de personas rodean la tumba en la que va a ser sepultado el levantador de piedras y boxeador José Manuel Ibar Azpiazu (Urtain), cuya vida concluyó en suicidio, tal vez por no poder asumir el peso de una «máscara» pública que acabó devorando a la persona. Su trágico final hace emerger un episodio del pasado —la muerte brutal de un